
- Tome.
Me dijo la señora con una sonrisa y me entrego un pañuelo desechable al ver que las lágrimas salian de mis ojos.
Confieso que sentí un poco de vergüenza, pero con un gesto de agradecimiento lo acepte y seque mis mejillas, mientras seguía mirando por la ventana del bus.
A veces me molesta ser tan llorona y sensible, si la señora supiera porque lloraba, tal vez diría que estoy loca.
Volví a recordar a mi perro, hace dos meses que se fue y aun lo extraño y su recuerdo me causa tristeza, no se si alguien me pueda entender, cuando veo un perro vago en la calle, me acuerdo de el y pienso, lo que yo daría porque el estuviera aquí, era tan alegre.
Y me da una tristeza, ver tanto perro que no tiene donde estar, será por eso que en casa volcamos todo el amor que teníamos para mi “Chanchito”, a nuestro otro perro.(Un pequeño Poodle de tres años, al cual tenemos muy mimado)
El no era un perro de raza fino, como otros, de esos que la gente paga hasta las ganas de por tenerlos. No el simplemente era un
“Quiltro”, pero jamás vi a un perro dar tantas
lecciones de vida como aquel, aun recuerdo la primera vez que lo vi, aun no habría ni los ojos, era pequeñito el y sus tres hermanos me caían en las manos.
Es una cosa extraña recuerdo que los vi a los cuatro y le dije a mi amiga, quiero ese, el de la manchita negra en la frente.
Será tuyo, me dijo.
Y así fue dos meses después me lo lleve a mi casa y no nos volvimos a separar hasta después de trece años en que la vida lo dispuso así.
Lo llame Washington, la gente se reía por ese tremendo nombre para un perro, pero yo sabia que el era mas que un perro común además me recordaba al perro de
“Condorcito” blanco con manchitas negras.
Y bien resulto ser el mas feo de todos sus hermanos y todos los demás dueños se reían al verlo así, ahhh pero ellos ignoraban que tras de ese cuerpito y ese pelo que mas que pelo semejaban a las cerdas de un cepillo, se escondía una personalidad inteligente, abierta y generosa, porque si el era, inteligente y sensible como pocos.
Poco a poco comenzó a demostrar que nadie tenia que enseñarle nada porque el sabia muchas cosas, me lo decía su mirada dulce y con ese brillo de inteligencia que despertaba en mi tanto cariño y admiración.
Tanto así, que un día me decidí a escribir sus memorias, sí
“las memorias de un perrito”Pero hay una cosa que hoy quiero agradecerle a el.
Mis padres nunca fueron grandes amantes de los animales, los alimentaban y se preocupaban de su bienestar físico, pero nunca los vi tan comprometidos como ahora.
Hace un par de años atrás ellos hicieron un viaje por varias semanas, cuando regresaron aun recuerdo la alegría tan grande que sintió Washington cuando los vio, salto a recibirlos con lagrimas en los ojos y gemía y no sabia que hacer para demostrar lo mucho que los había extrañado, nunca lo vi tan contento, con sus ojitos oscuros llenos de lagrimas de alegría al ver que regresaban de su largo viaje.
Mis padres que no esperaban que un simple animalito les demostrara tanto cariño, se sintieron conmovidos ante tal muestra de amor.
Y desde ese momento no volvieron a ser los mismos con los animales y no es que fueran malos siempre se preocuparon por ellos, pero su sensibilidad creció tanto y con orgullo veo que cada día crece mas.
Nuestro perrito ya no esta, pero nos dejo grandes
lecciones de vida,
Las cuales e procurado anotar desde el mismo momento en que el nació porque creo que es muy importante que todo el mundo sepa el gran valor de esos pequeños seres que a veces creemos inferiores a nosotros, pero que su bondad puede traspasar miedos y corazas que de ves en ves, nos ponemos los seres humanos.
Con cariño para ti, por lo que sigues significando en mi vida.
A Washington
Susan Kaley